A continuación recojo un breve extracto del trabajo "Desigualdades territoriales en España. César Colino, Antonio M. Jaime-Castillo y Mario Kölling. Universidad Nacional de Educación a Distancia, publicado por la Fundación Friedrich Ebert Stiftung.
Veamos cada una de estas cuestiones, según lo que se dice en el estudio citado.
La desigualdad territorial en España antes y después de la crisis: España despoblada frente a España próspera
España tampoco se ha librado de la pauta de crecimiento observada en varios países, que premia a las capitales y castiga a las zonas agrícolas y posindustriales. Junto con Francia, es uno de los países en donde más se ha ampliado la brecha entre sus regiones y el resto de Europa entre 2007 y 2017 (European Commission, 2018).
El proceso de urbanización de las cuatro últimas décadas se convirtió en la última década en un proceso de metropolización, que ha concentrado las actividades de alto valor añadido en las dos grandes ciudades españolas: Madrid y Barcelona. Los pueblos de las dos mesetas se fueron despoblando pero actualmente las grandes metrópolis empiezan a vaciar también ciudades que se están quedando atrás en el nuevo escenario global (Jorrín et al., 2019). Los datos del Instituto Nacional de Estadística sobre la evolución de la población en España ponen de manifiesto que determinadas zonas rurales o ciudades pequeñas se van despoblando de forma inexorable. Es lo que ha dado en llamarse “la España vacía” o “vaciada”, con zonas con una densidad media de 14 habitantes por kilómetro cuadrado.
Frente a ella se encuentra la España urbana “llena”, que concentra algo más del 40% de los 47 millones de habitantes de España. La concentración de población en el litoral y Madrid, así como la despoblación en las CC. AA. del interior, es una realidad desde hace décadas, pero el problema se ha acentuado en los últimos años. Las consecuencias de la despoblación son no solo negativas para la economía y las perspectivas futuras de las zonas afectadas, sino que también inciden en el coste de los servicios públicos.
Las diferencias entre las CC. AA. en desarrollo económico y calidad de vida, infraestructuras y servicios, pueden afectar a la cohesión económica y social como se ha evidenciado en toda Europa. Como han señalado Gethin et al. (2019) después de dos décadas de crecimiento inclusivo, la crisis económica trajo consigo un periodo de estancamiento, austeridad fiscal, incremento de la pobreza y de la desigualdad de renta y riqueza que, paradójicamente, no han venido acompañados de mayores divisiones de clase o de una mayor demanda de redistribución económica entre clases, sino más bien de conflictos territoriales y basados en la identidad, que hoy dominan la competencia política y partidista y los debates públicos.
La progresiva terciarización de las regiones españolas
"La diferente contribución de los sectores económicos al PIB de las CC. AA. o el tamaño del sector público o privado son factores que influyen en los diferentes niveles de empleo de las CC. AA. En casi todas las CC. AA. (excepto Extremadura), la participación del sector primario en el PIB regional y en el empleo ha disminuido y la participación del sector terciario ha aumentado. Si se comparan los años 2001 y 2017 se hace evidente que el grupo de las CC. AA. relativamente desarrolladas (Madrid, País Vasco, Navarra y Cataluña) tiene una mayor participación del sector industrial en el PIB regional y en el empleo.
Saldos migratorios inter-regionales
Aunque la población española ha crecido en los últimos años en la mayor parte de las CC. AA., excepto en Castilla y León y Asturias, las mayores tasas de crecimiento se han dado en Baleares y Canarias, ambas por encima del 1,5% anual, seguidas de Murcia y Madrid. Sin embargo, estos crecimientos se han concentrado en muy pocos ámbitos en cada comunidad, como sucede en el ámbito de la costa mediterránea, en la Comunidad de Madrid o el valle del Guadalquivir en Andalucía. La despoblación ha dejado de ser un proceso vinculado únicamente a las áreas rurales para convertirse en un fenómeno mucho más generalizado, que afecta también a las ciudades pequeñas e intermedias, y a las capitales de provincia (Molina, 2019).
El saldo migratorio neto, o sea, la diferencia entre las personas que llegan a una región y las que se marchan, puede también considerarse como un buen indicador de la calidad de vida y el atractivo futuro de un territorio. Si la emigración de una región es muy elevada, eso puede reflejar ciertos déficits en la calidad de vida e insatisfacción entre sus habitantes, que busca mejores condiciones o perspectivas de futuro en otras regiones o ciudades.
Existen variadas razones para el cambio de residencia. Los cambios dentro de una misma comunidad autónoma pueden deberse a cambios residenciales en busca de mayores comodidades o tener motivaciones educativas o laborales, sobre todo para trabajadores jóvenes que buscan una formación o una carrera profesional. Estos movimientos migratorios pueden tener consecuencias negativas y constituir un círculo vicioso en el desarrollo de muchas regiones, ya que, debido a las disparidades de mercado de trabajo, oportunidades de formación, calidad de vida o servicios públicos entre comunidades autónomas se produce un fenómeno de emigración de titulados universitarios de algunas CC. AA. y la concentración del capital humano cualificado en otras (González-Leonardo et al., 2019).
Como se observa en la Tabla 26, un indicador elocuente que puede usarse es el de saldo migratorio inter-autonómico, que muestra como la Comunidad de Madrid, Cataluña, Aragón, País Vasco, y Navarra serían los territorios que atraen más población procedente del resto de España. Por el contrario, las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, Extremadura, Castilla-La Mancha y Castilla y León presentarían los saldos migratorios interautonómicos más negativos.
Como se observa en el mapa siguiente (Gráfico 35), el interior peninsular, Galicia y Asturias y Andalucía, reflejan estos saldos negativos que sabemos que producen una dinámica de descapitalización educativa por la emigración de jóvenes en las ciudades. Castilla y León es la región más afectada, con pérdidas migratorias anuales por movilidad de larga distancia, interregional y exterior del -13,4‰ entre los jóvenes de las capitales de provincia, -9,25‰ en los restantes municipios urbanos y -9,63‰ en el medio rural. A este saldo migratorio negativo se añade el elevado nivel de cualificación de los emigrantes: el 53,8% de ellos tiene estudios superiores (González-Leonardo et al., 2019). Según este estudio, Madrid es la principal región receptora de talento, suponiendo el 38,7% de los movimientos migratorios interregionales de los jóvenes nacionales, y cuyos flujos de entrada presentan un alto nivel formativo, con un 64,8% de titulados universitarios. Se calcula que cada año Madrid atrae a miles de nuevos inmigrantes de otras comunidades autónomas, en busca de salidas laborales que no pueden encontrar en sus territorios de origen. Aunque la capital siempre ha sido un polo de atracción, es en los últimos años cuando se está posicionando como la única opción posible para gran parte de la población joven y formada de otras partes de España (ver Jorrín et al., 2019).
Cobertura de la digitalización regional
Las 4 Españas
La España rica.
A este grupo (en azul oscuro en el mapa) pertenecerían las regiones de Madrid, País Vasco, Navarra y Cataluña, en las que viven un total de unos 17 millones de habitantes. Este grupo se caracteriza por una elevada renta per cápita, al estar formado por las regiones más ricas del país. Tienen igualmente tasas de desempleo relativamente bajas (ligeramente por encima del 10%) y un elevado porcentaje de población con educación superior. Y su saldo migratorio es positivo. porque atraen población del resto del país. Las tasas de riesgo de pobreza o exclusión social (AROPE) son relativamente bajas, al tiempo que el abandono escolar es medio-bajo. Son también regiones en las que se sitúan las grandes ciudades del país (como Madrid o Barcelona), lo cual podría explicar que los niveles de calidad de vida en estas regiones (por ejemplo, esperanza de vida y calidad de vida infantil) no son necesariamente superiores al resto de regiones con cierto riesgo de pobreza, sobre todo infantil en las grandes ciudades, y en parte asociados a los precios de la vivienda. De la misma forma, la puntuación de estas regiones en la dimensión de acción de gobierno no está entre las más altas, quizá debido a la presión poblacional y sobrecarga de los servicios y a la ideología de los gobiernos autonómicos, aunque en esta dimensión se observa una mayor dispersión de las puntuaciones.
La España acomodada del norte y cantábrica.
A este grupo (en azul medio en el mapa) pertenecerían Aragón, La Rioja, Castilla y León, Cantabria, Galicia y Asturias, habitadas por unos 8,3 millones de habitantes. Este grupo se caracteriza por tener una renta per cápita elevada, aunque sensiblemente inferior al primer grupo de regiones acomodadas (con la excepción de Aragón, cuya renta per cápita está bastante por encima de la media de este grupo). Sus tasas de desempleo son igualmente bajas, aunque tienen peores valores en educación superior, a pesar de que las tasas de abandono escolar en estas regiones son muy bajas en comparación con el resto de las regiones. El saldo migratorio es negativo, con la excepción de Aragón y Cantabria. Las tasas de población en riesgo de pobreza o exclusión social son medias o bajas, al tiempo que obtienen puntuaciones altas en calidad de vida. En términos generales, las puntuaciones de estas regiones en la dimensión de acción de gobierno son bastante elevadas (por encima del primer grupo).
La España mediterránea.
A este grupo (en azul claro en el mapa) pertenecerían Islas Baleares Comunidad Valenciana y Murcia, con unos 7,6 millones de habitantes en conjunto. Su nivel de renta es ligeramente inferior al grupo de la España norte interior, sus tasas de desempleo son moderadamente altas (cercanas al 20%), asociadas al tipo de actividad estacional predominante y a tasas de población con estudios universitarios sensiblemente inferiores al grupo de las regiones interiores, que van acompañadas de una elevada proporción de abandono escolar y tasas población en riesgo de pobreza o exclusión social notablemente altas. Su saldo migratorio es claramente positivo. Y obtienen puntuaciones medias en calidad de vida. Adicionalmente, sus puntuaciones en la dimensión de acción de gobierno están en niveles bajos, con la excepción de Murcia, que puntúa relativamente alto.
La España pobre.
A este grupo (en el azul más claro en el mapa) pertenecerían Canarias, Castilla-La Mancha, Andalucía y Extremadura, representando 13,7 millones de españoles. Se corresponde con el grupo de regiones que tienen la renta per cápita más baja, tasas de paro elevadas (superiores al 20%) y una baja proporción de población con estudios universitarios. Ello va acompañado de altas tasas de abandono escolar, junto con valores elevados de las tasas de población en situación de pobreza o en riesgo de pobreza o exclusión social, al tiempo que puntúan en niveles medios-bajos de calidad de vida. Su saldo migratorio es negativo con la excepción de Canarias. Finalmente, también obtienen puntuaciones bajas en cuanto a la calidad del gobierno, si bien aquí también existe una considerable variabilidad, ya que Extremadura aparece entre las puntuaciones más altas en el indicador EQI."





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