jueves, 21 de mayo de 2020

Algunas enseñanzas que podemos sacar de esta crisis

Quizá, no todo sea igual que antes cuando finalice la crisis sanitaria que padecemos y la más larga, la económica, que nos espera. Nada será igual y debemos aprovecharla para despojarnos de toda la hojarasca de malos hábitos, vicios, perversiones, etc que nuestra civilización occidental ha ido acumulando a lo largo de muchos años.


Puede servirnos por ejemplo, para replantearnos nuestro modus vivendi. Replantearnos tanto despilfarro en nuestras cuentas públicas y en las domésticas, cuando a dos horas de avión hay países que han sufrido grandes hambrunas, pandemias de Évola, cólera, de malaria y de otras muchas infecciones, con decenas de miles de muertos, , que carecen de educación, agua potable y desconocen lo que es un grifo,  mientras aquí todas estas noticias ocupaban una esquina de nuestros telediarios.

Puede servirnos también esta crisis para darnos cuenta de que el progreso tecnológico tiene dos caras: una buena que es la capacidad de mejorar nuestras vidas  -aun hoy de no la de todos-, pero que al mismo tiempo nos hacemos más vulnerables porque la movilidad y la interdependencia tiene ventajas pero también  grandes riesgos, como estamos padeciendo ahora.

Puede servirnos también, para que aunque estemos aislados, no estemos incomunicados y aprendamos a hacer un uso responsable y positivo de los instrumentos para comunicarnos y volver a echar de menos el calor de una conversación cara a cara.

Puede servirnos también, para que de ahora en adelante cambie radicalmente la forma de trabajo de muchas personas, haciéndolo más compatible con la presencia de muchas personas en sus casas, evitando desplazamientos con el consiguiente ahorro de accidentes, energía y contaminación. Pero, ojo, todavía no posible para todos.

Puede servirnos también, para que la familia salga reforzada. Para que los padres puedan disfrutar más tiempo de sus hijos y éstos de su presencia, cariño y compañía, lo que redundará en un mayor equilibrio emocional y en una formación parental más directa.

Puede servirnos también, para que mayores y pequeños aprendamos a valorar las cosas más elementales y sencillas, de las que algunas como el agua y el aire creemos gratis e ilimitadas, de otras superfluas e innecesarias que llegan a esclavizarnos día tras día.

Puede servirnos también, para aprender que casi siempre como dijo un lúcido economista, lo pequeño es hermoso y no el gigantismo del consumismo desaforado. Para retornar a una existencia en la que primen los valores sobre las cosas, la calma sobre la prisa, la charla sobre el meme y el frío mensaje.

Puede servirnos también, para reconocernos como familia y en la familia, en los amigos, en un solo pueblo solidario porque nos vamos a necesitar todos de todos y que todos somos igual de vulnerables a los desastres y que nada justifica que nos autoexcluyamos o excluyamos a los demás.

Puede servirnos también, para que los políticos, los gobiernos, los grandes grupos financieros, repiensen que es necesaria una nueva sociedad más humanista, menos egoísta

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